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Vida LEVE

Y siempre decimos lo que pensamos... ¡Que viva nuestra LIBERTAD de expresión!
Hola, ¿se te ofrece algo más? Pues...
¡Porque somos nosotros... y demasiado buenos! Aquí están los verdaderos Colaboradores de la Alianza *Vida* LEVE. Entre éstos hay uno que debe irse al Infierno.
Usa el Internet sólo para lo que es necesario, ¿eh?

Sábado, nueve de Agosto - Terrorífico, y un cuento de terror y suspenso... [Lectura de Nuestro Baúl 1]

La situación está así: nos volvimos más literarios. Hola, de nuevo a nuestro querido público querido que nunca nos abandona ni aunque haya sido casi recíproco. Pequeña broma. Y es que estábamos tan presionados por tanta cosa que había que necesitábamos acomodar tanto en nuestra vida escolar, como en la social y personal. Sí, se podría decir que estábamos en medio del desastre más grande nuestras vidas, y es que ir a presentar un examen que definirá de una vez por todas, nuestro futuro y quizá una carrera asegurada, pero a estas alturas ya no es tanto como lo sentíamos antes o el día de hacer lo que teníamos que hacer. Pero no se preocupen, sabemos también que tienen vida, por lo que, ¡claro! Ya hemos preparado más contenidos y una vez más estamos siendo parte de una censura por parte del Sistema de Windows Live Spaces, por lo que si se fijan bien la palabra LIBERTAD está un poco vetada en nuestro país. No pregunten cómo le hicimos pero ni con Unicode pudimos ponerlo en el subtítulo de alerta. Pero no, estamos conscientes del riesgo que corremos al provocar a los altos mandos que vigilan que las normas y leyes se cumplan… así que si nos omitimos palabras, ya saben, no es porque hayamos querido, es porque queremos que nos sigan leyendo. Pero no queremos también que se nos acabe nuestra verdadera y libre libertad de expresión; por que jóvenes adolescentes como nosotros ya estamos preparados para ver a la sociedad como en otros países lo hacen, sin tambúes y sin parar de hablar. No nos hagamos callar, tenemos derecho. Así que no está de más decirles que hemos vuelto después de un largo descanso y ya saben que esto de las vacaciones es una época en la que todo mundo se pasea por todo mundo y en Internet no podía ser la excepción.

   Pues bien, el siguiente cuento, según uno de nuestros colaboradores, es de terror, no le he leído, pero supongo que ha de ser bueno; no por nada esta aquí, iba a traernos su comentario, pero quién sabe cuando, así que, si no está aquí antes o después del cuento, no es mi culpa y tienen su correo para reclamarle. Yo ya le advertí, y es que es cierto eso de que el público lector es que pide más de nosotros y vaya, que a México le falta muchísimo por leer, es una vergüenza eso de que los mexicanos no leen, yo sí —por lo que vendría a perjudicar mi nacionalidad y ya no sería muy mexicano; y menos escriben, y los pocos que nos dedicamos a escribir para que los demás pocos sean los que nos tienen que leer, por lo que vendríamos a caer en un círculo. Pero por demás, es estúpido leernos a nosotros mismos. Así que si dura muchísimo esta compañía de Windows podremos enseñarles a nuestros hijos a escribir en el ordenador. Todo es broma, esperemos que así sea. Bien, hago otro corte, porque ya le he leído y de verdad que hasta a mí me ha impactado. Pablo, es cierto que disfrutas tú de la buena lectura, de las buenas películas y de la música… todo es buenísimo. Y sí, se me hizo una acertadísima elección y no mentías con eso de impactarse y es que al blog le falta un poco de esto. Y es que, mientras pensamos en otras cosas, es mejor leer algo a no hacer nada.

«Hijo de Sangre» [Bebe Mi Sangre Roja] por Richard Matheson.
“Blood Son” [Drink My Red Blood] by Richard Matheson.
   La gente de aquel barrio decidió que Jules estaba definitivamente loco cuando se supo lo de su redacción.
   Hacía tiempo que lo sospechaban.
   Provocaba que la gente se estremeciera con su mirada perdida. Su lengua ronca y gutural sonaba antinatural en su frágil cuerpo. La palidez de su piel asustaba a muchos niños. Parecía colgarle floja de la carne. Detestaba la luz del sol.
   Y sus ideas eran un poco extrañas para la gente que vivía en el barrio.
   Jules quería ser un vampiro.
   Todos decían que nació una noche en que el viento arrancaba de cuajo los árboles. Decían que había nacido con tres dientes. Decían que los había utilizado para agarrarse al pecho de su madre y sacar sangre con la leche.
   Decían que cuando anochecía, cacareaba y ladraba en su cuna. Decían que a los dos meses ya andaba y que se quedaba sentado mirando a la luna cada vez que salía.
   Eso era lo que la gente decía.
   Sus padres siempre estuvieron muy preocupados por él. Al ser hijo único, notaron sus defectos muy rápidamente.
   Creyeron que era ciego hasta que el médico les dijo que sólo tenía la mirada perdida. Les dijo que Jules, con su enorme cabeza, podría ser un genio o un idiota. Resultó que era un idiota.
   No dijo ni una palabra hasta que cumplió los cinco años. Entonces, una noche, cuando subía a cenar, se sentó a la mesa y dijo:
   —Muerte.
   Sus padres se sintieron divididos entre el júbilo y la repugnancia.
Por fin se conformaron con un punto intermedio entre ambos sentimientos. Decidieron que Jules no podía saber lo que significaba aquella palabra.
   Pero Jules sí lo sabía.
   A partir de aquella noche, acumuló un vocabulario tan amplio que todos los que le conocían estaban atónitos. No sólo aprendía todas las palabras que le decían, y las palabras de carteles, revistas y libros; además, se inventaba sus propias palabras.
   Como nocturnal. O mataril. En realidad lo que hacía era fundir varias palabras. Expresaban cosas que Jules sentía pero no podía explicar con otras palabras.
   Solía sentarse en el porche mientras los otros niños jugaban a rayuela, al béisbol callejero y otros juegos. Se quedaba allí sentado y miraba la acera y se inventaba palabras.
   Hasta que cumplió los doce años, Jules no se metió en problemas.
   Por supuesto, hubo una vez que le pillaron desvistiendo a Olive Jones en un callejón. Y otra vez le pillaron diseccionando un gato en la cama.
   Pero pasaron muchos años entre medias. Aquellos escándalos se olvidaron.
   En general, durante su infancia se limitó a repugnar a la gente.
   Fue a la escuela pero nunca estudió. Repitió dos o tres veces cada curso. Los profesores lo conocían por su nombre de pila. En algunas materias, como lectura y escritura, era casi genial.
   En otras era un desastre.
   Un sábado, cuando tenía doce años, Jules fue al cine. Vio Drácula.
   Cuando se acabó salió caminando, convertido en un manojo de nervios tembloroso, a través de las filas de chicos y chicas.
   Se fue a casa y se encerró en el cuarto de baño durante dos horas.
   Sus padres aporrearon la puerta y le amenazaron, pero no quiso salir.
   Por fin, abrió la puerta y se sentó a la mesa para cenar. Llevaba el pulgar vendado y lucía una sonrisa de satisfacción en la cara.
   A la mañana siguiente fue a la biblioteca. Era domingo. Se sentó en los escalones todo el día esperando a que la abrieran. Por fin se volvió a casa.
   A la mañana siguiente volvió a la biblioteca, en lugar de ir a la escuela.
   Encontró Drácula en las estanterías. No pudo sacarlo porque no tenía el carné, y para sacarse el carné tenía que ir con uno de sus padres.
   Así que se metió el libro en los pantalones y salió de la librería y nunca lo devolvió.
   Se fue al parque, se sentó y leyó el libro entero. Estaba anocheciendo cuando acabó.
   Empezó otra vez por el principio, leyendo mientras corría de farola en farola, todo el camino a casa.
   No hizo ni caso de la reprimenda que le dieron por perderse de la comida y la cena. Comió, se metió en su habitación y leyó el libro hasta el final. Le preguntaron de dónde había sacado ese libro. Dijo que se lo había encontrado.
   Los días fueron pasando y Jules leyó la historia una y otra vez. Nunca iba a clase.
   A última hora de la noche, cuando se había sumido en un sueño agotado, su madre solía llevar el libro al salón y enseñárselo a su marido.
   Una noche se dieron cuenta de que Jules había subrayado ciertas frases con líneas oscuras y temblorosas de lápiz.
   Como: «Los labios estaban teñidos de carmesí por la sangre fresca, y el chorro había goteado de su mejilla y manchado la pureza de su mortaja de lino».
   O: «Cuando la sangre empezó a brotar, tomó mis manos con la suya, sujetándolas firmemente, y con la otra agarró mi cuello y acercó mi boca a su herida...»
   Cuando la madre vio aquello, tiro el libro a la basura.
   A la mañana siguiente, cuando Jules descubrió que el libro había desaparecido, chilló y no dejo en paz a su madre hasta que le dijo donde estaba.
   Entonces corrió al sótano y rebusco en los montones de basura hasta que encontró el libro.
   Con granos de café y yemas de huevo en las manos y las muñecas fue al parque y volvió a leerlo.
   Durante un mes, leyó el libro con avidez. Al final se lo sabía tan bien que lo tiró y se limitó a pensar en él.
   La escuela mandaba notas con sus faltas de asistencia. Su madre gritaba. Jules decidió volver durante un tiempo.
   Quería escribir una redacción.
   Un día la escribió en clase. Cuando todo el mundo hubo acabado de escribir, la profesora pregunto si alguien quería leer su redacción delante de toda la clase.
   Jules levantó la mano.
   La profesora se sorprendió. Pero sintió compasión. Quería animarle. Se toco el pequeño mentón y sonrió.
—Muy bien —dijo—. Prestad atención, niños. Jules va a leernos su redacción.
   Jules se levantó. Estaba entusiasmado. El papel temblaba en sus manos.
   —Mi sueño, por...
   —Ponte delante de la clase, Jules querido.
   Jules fue a la parte delantera de la clase. La profesora le sonrió con ternura. Jules volvió a empezar.
   —«Mi Sueño», por Jules Drácula.
   La sonrisa se esfumó.
   —«Cuando sea mayor quiero ser un vampiro».
   Los labios sonrientes de la profesora se movieron arriba y abajo. Sus ojos se abrieron como platos.
   —«Quiero vivir eternamente y vengarme de todos y enrollarme con todas las chicas vampiras. Quiero oler a muerte».
   —¡Jules!—, vociferó la profesora.
   —«Quiero tener un aliento nefando que huela a tierra muerta y a criptas y a dulces ataúdes».
   La profesora se estremeció. Sus manos sacudieron su cuaderno verde. No podía creer lo que oía. Miro a los niños. Estaban con la boca abierta. Algunos se estaban riendo. Pero las chicas no.
   —«Quiero ser frío y estar hecho de carne podrida con sangre robada en las venas».
   —Con eso bas… ¡ejem!—la profesora se aclaró la garganta sonoramente.
   —Con eso basta, Jules —dijo.
   Jules habló más fuerte, con desesperación.
   —«Quiero hundir mis terribles dientes blancos en el cuello de mis victimas. Quiero que…»
   —¡Jules! ¡Vuélvete a tu sitio ahora mismo!
   —«Quiero que se deslicen como navajas en la carne y en las venas»—leyó Jules con ferocidad.
   La profesora se puso de pie de un salto. Los niños estaban temblando. Ninguno se reía.
   —«Luego, quiero sacar mis dientes y dejar que la sangre fluya en mi boca y corra caliente por mi garganta y…»
   La profesora le agarro del brazo. Jules se soltó y corrió hasta un rincón. Atrincherando detrás de una silla gritó:
   —«¡Y que mi lengua gotee y que mis labios se deslicen por el cuello de mis victimas! ¡Quiero beber la sangre de las chicas!»
   La profesora se lanzo a por él. Le sacó a rastras del rincón. Él le clavo las uñas y chilló todo el camino hasta la puerta del despacho del director.
   —¡Ése es mi sueño! ¡Ése es mi sueño! ¡Ése es mi sueño!
   Fue tétrico.
   Encerraron a Jules en su cuarto. La profesora y el director hablaron con los padres de Jules. Hablaban con voces sepulcrales.
   Estaban relatando la escena.
   Los padres lo comentaron por todo el barrio. La mayoría no se lo creyó al principio. Creían que sus hijos se lo habían inventado.
   Luego pensaron que habían criado unos hijos horribles si eran capaces de inventarse algo así.
   Así que lo creyeron.
   Después de aquello, todo el mundo vigiló a Jules con ojos de halcón.
   La gente evitaba su contacto y su mirada. Los padres sacaban a sus hijos de la calle cuando él se acercaba. Todo el mundo contaba historias de él.
   Hubo mas faltas de asistencia.
   Jules le dijo a su madre que ya no iba a ir a clase. Nada le haría cambiar de idea. No volvió a ir.
   Cuando venia un asistente social al apartamento, Jules se subía a los tejados hasta que se marchaba.
   Así se pasó un año.
   Jules vagabundeaba por las calles, buscando algo; no sabía el qué.
Miraba en los callejones. Miraba en los cubos de basura. Miraba en los solares. Miró el barrio este y el barrio oeste y en el de en medio.
   No consiguió encontrar lo que quería.
   Apenas dormía. Nunca hablaba. Se pasaba todo el tiempo con la mirada baja. Olvidó sus palabras especiales.
   Y entonces…
   Un día, en el parque, Jules pasaba por el zoológico.
   Una descarga eléctrica le recorrió cuando vio al murciélago vampiro.
   Sus ojos se abrieron de par en par y sus dientes descoloridos brillaron apagados en una ancha sonrisa.
   A partir de aquel día, Jules fue diario al zoológico para mirar al murciélago. Le hablaba y le llamaba Conde. En su fuero interno creía que era en realidad un hombre que había cambiado.
   Vivió un renacimiento cultural.
   Robó otro libro de la biblioteca. Hablaba de la vida salvaje.
   Encontró la página que hablaba del murciélago vampiro. La arranco y tiró el libro.
   Se aprendió el capitulo de memoria.
   Sabía cómo producía sus heridas el murciélago. Cómo lamía la sangre, como un gatito bebiendo leche. Cómo caminaba con las patas traseras y las alas dobladas como bastones, como si fuera una araña negra y peluda. Por qué no se alimentaba de nada más que de sangre.
   Mes tras mes, Jules miraba al murciélago y le hablaba. Se convirtió en el único consuelo de su vida. El único símbolo de los sueños convertidos en realidad.
   Un día, Jules se dio cuenta que la parte inferior del alambre que cubría la jaula se había soltado.
   Echó un vistazo alrededor, bizqueando con sus ojos negros. No vio a nadie mirando. Era un día nublado. No había muchas personas.
   Jules tiró del alambre.
   Se movió un poco.
   Entonces vio a un hombre salir del pabellón de los monos. Así que retiró la mano y se alejó pasando y silbando una canción que acababa de inventarse.
   A última hora de la noche, cuando se suponía que estaba dormido, salía descalzo y pasaba por delante del cuarto de sus padres. Oía a sus padres roncar. Salía a toda prisa, se ponía los zapatos y corría hasta el zoológico.
   Siempre que el vigilante no estaba cerca, Jules tiraba del alambre.
   Iba soltándolo cada vez un poco más.
   Cuando había terminado y tenía que volver corriendo a casa, volvía a colocar el alambre. Así nadie podría notarlo.
   Jules se pasaba todo el día en pie delante de la jaula, y miraba al Conde y se reía, y le decía que pronto volvería a estar libre.
   Le dijo al Conde todo lo que sabía. Le dijo al Conde que iba a practicar a trepar por los muros cabeza abajo. Le dijo al Conde que no se preocupara. Que pronto estaría fuera. Y entonces, juntos, podrían ir por ahí bebiendo sangre de chicas.
   Una noche, Jules levantó el alambre y se arrastró por debajo hasta meterse en la jaula.
   Estaba muy oscuro.
   Se arrastró de rodillas hasta la casita de madera. Escuchó para ver si podía oír al Conde chillar.
   Metió el brazo por la puerta negra. No dejaba de susurrar.
   Dio un salto al sentir un aguijonazo en el dedo.
   Con una mirada de inmenso placer en la cara, Jules abrazó al murciélago peludo y aleteante.
   Salió de la jaula con él y escapó corriendo del zoológico; del parque. Corrió por las calles silenciosas.
   Estaba amaneciendo. La luz daba un toque grisáceo a los cielos. No podía ir a casa. Necesitaba ir a algún sitio.
   Se metió por un callejón y trepó una valla. Se agarró fuertemente al murciélago. Éste lamía el reguero de sangre de su dedo.
   Cruzó un patio y llegó a una pequeña chabola desierta.
   Dentro estaba oscuro y húmedo. Estaba lleno de cascotes y de latas, y de cartones húmedos y de excrementos.
   Jules se aseguró de que el murciélago no tuviera forma de escapar.
   Luego cerró la puerta y metió un palo por el agujero.
   Sintió que le corazón le latió fuerte, y que le temblaban las extremidades. Soltó al murciélago. Voló hasta un rincón oscuro y se colgó de la madera.
   Jules se arranco la camisa febril. Le temblaban los labios. Sonreía con una sonrisa enloquecida.
   Se buscó en el bolsillo de los pantalones y sacó una navajita que había robado a su madre.
   La abrió y pasó un dedo sobre el filo. Le cortó la piel.
   Con dedos temblorosos, se pincho la garganta. Se dio un tajo. La sangre corrió entre sus dedos.
   —¡Conde! ¡Conde! —grito con alegría frenética—. ¡Bebe mi sangre roja! ¡Bébeme! ¡Bébeme!
   Tropezó con las latas, se resbaló y buscó a tientas al murciélago. Se soltó de la madera y revoloteó por la chabola hasta posarse del lado contrario.
   Las lágrimas rodaron por las mejillas de Jules.
   Apretó los dientes. La sangre corría sobre sus hombros y sobre su fino pecho sin pelos.
   Su cuerpo tembló, febril. Se tambaleo hacia el lado contrario. Tropezó y sintió cómo su costado se abría con el borde afilado de una lata.
   Estiró las manos. Agarró al murciélago. Lo apretó contra su garganta. Se tumbó de espaldas sobre la fresca y húmeda tierra. Suspiró. Empezó a gemir y agarrarse del pecho. Su estómago se hinchó. El murciélago negro de su cuello lamía silenciosamente su sangre.
 
   Jules sintió que su vida se escapaba.
   Pensó en los años pasados. La espera. Sus padres. La escuela. Drácula. Los sueños. Todo para aquello. Aquella gloria súbita.
   Los ojos de Jules parpadearon y se abrieron.
   Le costaba respirar. Abrió la boca para coger aire. Aspiró. Olía mal.
Le hizo toser. Su cuerpo delgado se agitó sobre el frío suelo.
   Las brumas se deshicieron en su cerebro.
   Una a una, como velos que se retirasen.
   De pronto, su mente fue invadida por una terrible claridad.
   Sintió el dolor en su costado.
   Se dio cuenta de que estaba tumbado sobre un montón de basura, medio desnudo, y que estaba que un murciélago bebiera su sangre.
   Con un grito estrangulado, estiró la mano y apartó al murciélago palpitante. Lo arrojo lejos de sí. El murciélago volvió, abanicando su cara con sus alas vibrantes.
   Jules se puso de pie, tambaleante.
   Buscó a tientas la puerta. Apenas podía ver. Intentó impedir que su garganta siguiera sangrando tanto.
   Consiguiendo abrir la puerta.
   Entonces, tambaleándose en el patio oscuro, se cayó de bruces sobre la alta hierba.
   Intento pedir ayuda.
   Ningún sonido salió de sus labios, salvo una burbujeante parodia de palabras.
   Oyó las alas batiendo.
   Entonces, de pronto, dejó de oírlas.
   Fuertes dedos le levantaron con suavidad. A través de ojos moribundos, Jules vio al hombre alto y oscuro cuyos ojos brillaban como rubíes.
   —Hijo mío —dijo el hombre.

   Pablo Maldonado:

Me anime a transcribir esta pequeña obra de Richard Matheson —como se observa en el título y no encontrada en Internet—, ya que me ha dejado una gran enseñanza: que si eres fiel en lo que haces tal vez y muy probablemente se cumpla todo lo que siempre has deseado. Tal como se muestra en uno de los fragmentos de la obra; el deseo de Jules era ser un vampiro y… lo ha conseguido pasando por muchas situaciones que quizá para nosotros hubieran sido un tanto difíciles. También me ha impactado sobre cómo él anhelaba ser un vampiro a costa de lo que fuere y también de cómo su obsesión era tan grande, tanto que llegó a un punto final e impactante donde él se cortaba con una pequeña navaja que había robado para que el pequeño murciélago bebiera de su cuello. Fue sorprendente Espero que les haya gustado como a mí y recuerden que esto lo hice para ustedes nuestro gran público.

Idea original: Pablo Maldonado.

Edición: Cristian Carlos; Pablo Maldonado.

Miedo: Todos nosotros… ¡Ñiah!

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Sábado, veintiocho de Julio - Lo que quieren que veas...

Pues bien, ha llegado la hora de hacerle frente a lo que ya veíamos venir. Hemos comprado libros, buscando cualquier tontería en Internet y releído los correos electrónicos que nos han llegado a las distintas direcciones que en el blog aparecen. Gracias por sus visitas y por hacernos felices escribiendo lo que más nos gusta. Pues qué… todos ya han pensado en lo que quieren ver reflejado en este blog. Se han quejado de que le falta temática y es que eso mismo pensé yo también. Y es que tiene un buen diseño, ¿para qué negarlo? Pues eso, empezaremos ahora con lo siguiente.

   Esta es una foto que mucho nos ha llamado la atención y es que ya es hora de hacer llegar lo chusco a este blog, no todo es realidad, no todo es formalidad, ¡por Dios! Tenemos no más de dieciséis años, riamos de la vida y de lo que la gente ha de contar. Y miren, que si me hubiera pasado eso a la esa tierna edad, no estuviera contándoles esto. Y es que, bueno, también hay que atenerse a las consecuencias, y es que en vez de ayudarlo, se acuerdan de la cámara y capturar por más duro que fuere el momento. Por eso los niños quedan traumados. Esto es lo chusco de la semana, algo que nuestros colaboradores quieren que veas.

 

   ¿Buena, no? Pues eso. Y que a la llegada del iPhone no nos pudimos quedar atrás y verificar compatibilidad, bueno, al menos el Safari ya no se cierra inesperadamente como antaño solía suceder. Y bueno, hasta hemos incorporado un ícono para que nos guardes en las pantallas de tu iPhone o iPod Touch. Hemos hecho algunas capturas de pantalla para que veas ¡qué bonito es lo bonito! Pequeña broma. Síguenos visitando. Cabe señalar que esta versión es más ligera, por lo que no debes preocuparte si aniquilamos tu batería o si ocupamos todo tu ancho de banda. Sí, ¿eh? Y es que si nos extrañas, puedes acceder desde cualquier lugar, claro, si posees un 3g con acceso ilimitado.

Pues así se ve una captura de pantalla, y como ven, pues no pierden su contenido y la publicidad desaparece, un punto bueno a nuestro favor. Y pues ahora puedes ampliar más la página gracias a la nueva versión 2.0 que incorporan ambos juguetitos.

Y bien, se ve bien el ícono que siempre ta acompañará vayas dónde vayas y mientras tengas conexión podrás disfrutar de nuestro contenido con sólo tocar nuestro logotipo y te abrirá nuestra página inicial. Suerte y disfruten de sus móviles, y perdón por la batería, da mal aspecto a las capturas... ¡Hasta pronto!

Miércoles, dieciséis de Julio - De lo que alguna vez fue gracioso…

Y de lo pasado hay que acordarnos, y es que si no lo hacemos, nadie más lo hace. Los recuerdos que tuvimos hace unos días, estuvieron presentes, todos fueron buenos, y otros más fueron más que hilarantes y es que es imposible no acordarse de tantas cosas, como lo dije: «bien vividas». Nunca habrá que dejar lo bueno en el pasado, porque por algún motivo fueron muy emotivos, cada uno de los momentos que en estos tres años fueron maravillosos y no merecen ser guardados en un baúl que quién sabe cuándo se vuelva a abrir, es algo que debemos mantener impecable en nuestra memoria. Y es que también no pudimos esbozar una sonrisa cuando leíamos cada una de las anécdotas, joyas que nunca se perderán… y es que ha sido tan satisfactorio que en unos años estarán igual de vivos como si fueran nuevamente parte de nuestro presente. Y es que creo que nadie se ha ido triste, por lo menos de nosotros, porque llevamos una buena vivencia, lo bueno permanecerá por siempre, ¿o estoy mintiendo? ¡Claro que no! Simplemente no podemos dejar de reír de los ridículos, de lo que alguna vez hicimos, de las cosas que tanto reímos y de lo que alguna vez fue algo que quedó plasmado, porque todo se convertía en fotografía, eso vale más que oro, y sólo se comparte con los que estuvieron con nosotros, es una esperanza que aún nos conforta al verlas cada día, porque fueron escritas muchas cosas y hoy ni ningún otro día les queremos decir adiós por que así de simple no se lo merecen y los buenos recuerdos jamás se tiran a la basura, ni tampoco se los llevará alguien, porque son compartidos y todos tenemos el derecho de sentirnos vivos nuevamente. Por eso y por otras cosas que son de vital importancia es que queremos mostrarles a ustedes de lo que estamos hablando, y del por qué nunca sentimos nostalgia. ¡Vale, amigos! Esto es lo que vale la pena.

   Y de nuestra estancia en la escuela, ni quién se acuerde de nosotros; y es que también a lo mejor pasamos tan desapercibidos, y es que nunca nos gustó mezclarnos con la gente estúpida —que por «estúpida» se pueden entender muchas cosas— e irnos siempre por el camino, no de la mayoría, sino único y que nadie nos siguiera, por eso es que le dejaron de tomar importancia a las cosas que hacíamos en la vida social mas no en la red. Bien, esto fue lo que se dijo esa vez y que nuevamente estamos aquí para reafirmarlo. ¿Vale? ¡A darle lectura!

            «[…] porque entre Mario, José Luis, tu y yo, formamos una verdadera amistad; y esa amistad dio un buen resultado. Ese resultado fue “la Alianza”, en la que con lo poco que contribuimos semanalmente se ha hecho todo un éxito. Espero seguirnos viendo a futuro y tener una más de ver las cosas positivamente. Bueno, cuídate mucho nos veremos pronto.

            Atentamente, Luis Eduardo Mendoza Torres.»

   Han pedido muchísimas cosas y es hora de que escribamos algo que realmente fascinó a todos con la idea. Pues bien, uno de los talleres en los que se trabajaba en nuestra escuela viene a ser el punto de atracción hacia todos los que ingresan. Y es que no sé si todavía recuerdes el momento en el que nadie se conocía y nadie le hacía caso a nadie y nos tenías como si fuéramos objetos extraños. Porque nos tuvieron una semana viendo todos los talleres hasta que nos convenciéramos por uno.  Y es que siempre llegamos hasta la secundaria con las amenaza de tener buenos resultados para «elegir y alcanzar buen lugar en el taller»  que supuestamente no nos sentiríamos aburridos. Hasta yo lo llegué a pensar seriamente, porque como en todo, era un pase asegurado y sin pérdida en el que quién sabe si se calificaría por los trabajos o por las «patadas voladoras» que se le propinaran a alguien. Las pocas veces que entré a ese taller sabía que se escondía un ambiente raro, pero no desconocido, era una mezcla de rudeza hilarante que pocas personas podrían soportar, claro. Pero eso no impidió que poco más de diez señoritas se apuntaran a ese taller que no les prometía que aprendieran lo verdaderamente básico de electricidad, así se llamaba el taller de la locura eterna.

    Desde un profesor que supuestamente se decía serio, hasta que vieran escenas porno en una TV que siempre estaba conectada a una antena, videocasetera ó DVD, futuramente un BlueRay; y uno que otro artilugio para que los alumnos se entretuvieran mientras el profesor pensaba sólo en sus intereses. Y es que todos, hasta la fecha se toman un poco a burla, porque, para serles franco, nadie hace nada en cuanto a trabajar como en los demás talleres —que por el momento están de sobra a lo que vamos—; no duden que en un futuro siga así. Es un espacio de tres horas, o a veces dos de relajo, de desmadre. Y, ¿para qué negarlo? Bien, el que nos ilustrará más de estos detalles es alguien que estuvo ahí y que vivió todos sus días ahí—por lo menos en los que le tocaba su clase— y de quien nos hablará de su historia escondida, porque, tampoco nadie decía nada acerca de este salón. Los motivos principales por los que estaba en el anonimato y que nadie los compartía pienso que fueron dos: Uno, era tan vergonzoso que ignoraban la pregunta de lo que pasaba dentro de este taller. Dos, era buenísimo el ambiente que se vivían esas tres horas, que compartirlos con alguien era demasiado para alguien del exterior. Depende del criterio y de la potencia de obscenidad del personal que estuvo ahí. No digamos que son unos pervertidos, porque no lo son. Digamos que su taller es único y que, si se quiere entrar ahí, «habrá que hacerse unos ajustes de personalidad», pero sólo eso, ¿o nos equivocamos?

   Nuestro amigo nos ilustra con algunas de sus sabias palabras… nos dijo y es algo que ya habíamos escuchado desde primer año, pero no lográbamos creerle del todo, hace unos momentos, siendo las doce de la mañana con treinta y siete minutos del día martes, 15 de Julio de 2008, nos lo acaba de confirmar una vez más, pues bien, es una historia más de las que ocurrió en ese taller, como hace unos momentos le he dicho «un taller de mala muerte». También quiero hacer una corrección. Los últimos días, todos, fueron bien vividos y qué mejor que hacerlo en ese taller, con el mismo TV, pero con una X-box conectada. En primer año, según nos cuenta y haciendo lógica que sucedió en los últimos días de clase —que ya ni eran—, todos estaban desesperados y obvio, no se iban a quedar sin hacer nada. Pues hagan de cuenta de que ese taller era como un cabaré pero nocturno —que me imagino que en la noche ha de ser auténtico, no lo sé, nunca entré a la tarde— no me pregunten si algún día existieron bebidas alcohólicas de ahí en fuera, el ambiente igualito; pues bien, como estaban aburridos y ya eran los últimos días tanto así como para creerse los grandullones de segundo, a alguien se le ocurrió la brillante idea de llevar una revista no explícita, sino porno al cien por ciento. Y la congregación no se hizo esperar y muchos de los curiosos pues se hicieron bolita para ver algo que quizá jamás en la primaria hubieren experimentado. Pero sólo unos cuántos, y tenían que ser nuestros ahora colaboradores, no piensen que son morbosos. Y sí, hace unos momentos, también nos acaba de confirmar que sí, alguna vez entró alguna sustancia que corrompía las reglas del lugar. Sí, era una botella con tequila, pero no era su botella genuina, era una botella de “Squirt”… pues así, y sigo. Con lo de la revista, pues no tenemos información, ni de qué año, ni número, ¡vaya, ni el nombre! Pero seguro dentro de poco lo tendrán. Entonces, si no se acuerdan de toda esta información es seguro que sólo estaban viendo todo lo interesante que se encontraba en su interior, y es que tampoco nos hagamos los inocentes. No hay que ser egoísta pero menos gorrón. A lo que quiero llegar es a este tipo de problemas, que quizá por eso pasó lo que pasó después. Obvio y es que todo se ve rarísimo, y es que también… perdón, ¡a qué estúpido se le ocurre hacer tal cosa cuando un profesor cerca de esos está latente? Pero bueno… les costó una visita con la más temida del lado oeste de la escuela. Y es que se dieron cuenta, primero el maestro, que se quedó con la revista por lo que tenemos entendido después de llevarla con la-que-no-debe-ser-nombrada y si es así, y decimos su nombre, puede que nos rompa en cachitos nuestro diploma que aún no nos entregan. Pues eso, ya no supimos más. Y es que también, si llegaron a esos límites pues, es que en realidad estaban desesperados y no tenían nada qué hacer porque, claro, nadie le ponía atención a esas tres horas… ¿y en total cuántas eran? Siete. Esas horas en las que no se hacían nada. Ah, pero es que todavía Nuestro Señor se atreve a negar que nunca trabajaron, porque yo los podía ver en el patio, en nuestro salón, en su salón… pero nunca trabajando en el cabaré, perdón, en su taller. Bien, hasta ayer me mencionó que si llegáramos a juntar los días efectivos de labores en ese taller, daría para completarse un año; a lo que mencionó en seguida que sí, llegaron a hacer proyectos completos. Tales como una luz estrobo, una caja de toques, y a lo último que dijo, el cual me hizo mucha gracia… un bonito y funcional timbre. Pequeña broma, lo saben —un timbre, ¡ja, ja!—. Bien, habrá que creerle o les golpeará a todos.

   Se encierran demasiados secretos… todos valiosos, unos bueno y muy pocos malos. Sólo tienen cabida para los que se quieren quedar, para todo aquello que fue risa. Para todo bueno. Vale, todos tienen que creer en algo. Mencionaban también una foto, y me estoy dando a la valerosa tarea de buscarla, y lo más seguro es que la logre encontrar. Ya saben, para un Máster no hay imposibles; y sí, te prometo la foto. Que por cierto ya empezaría como colaboradora —perdón, que ya he dicho mucho. A ver, Señor. Dígame, usted que se presume que posee muchas fotos, háganos el honroso favor de buscar en su fototeca unas que tengan que ver con aquel salón. El público las quiere ver. Además, tú fuiste quien pidió este tópico. Y es que no los puedes dejar así. Está bien, a la conclusión que llego y creo que los demás también, es que debimos de haber optado por un lugar así, y creemos que en todas las escuelas existe algo parecido a esto, pero esto es lo único que los hace diferentes de los demás, porque sabrán todos, y quizá sea el único lugar por el que ha pasado toda la escuela forzosamente más cinco veces, porque al de «industria del calzón» sólo accedí dos veces, al igual que el de secretariado. Sí, me hubiese gustado… y hubiera sido padrísimo. No lo dudo. Espero hacer una buena elección en mi próxima vida, ¿vale? ¡Es una promesa! Una vez hablábamos de la vulgaridad de la gente. Y es que se puede ser in y ser vulgar. Recapitulemos lo dicho anteriormente y tratemos de encajarlo a la perfección con esto de lo que estamos hablando. Porque habrá muchas variaciones de caracteres que nos podamos encontrar en dicho lugar, de ninguna manera y menos si es así, nadie discrimina a nadie, o por lo menos es eso lo que nos hacen creer al ingresar a un nuevo lugar, lo que casi siempre es mentira. Es precisamente de esto lo que quiero hablarles, sí, son muy pocos lugares como éstos en los que los secretos siempre son a voces pero nadie logra decirlos a las verdaderas víctimas, ese es el contra de un lugar como éstos; ya que siempre pueden estar hablando a tu espalda de muchísimas cosas que quizá no sean ciertas e incomoda, o pueden ser ciertas a sobremanera y las críticas dan coraje. De ahí en fuera todo está bien, y como todos tienen un pasado oscuro es mejor no pensar en eso. Así que es un riesgo latente.

   Lo bueno de andar recordando esto es que… bueno, yo me imagino que dentro de otros quince años más nos encontraremos todos, platicando de nuestros éxitos, porque a todos les deseo lo mismo; que sean buenas personas y logren todo de lo que siempre presumían en la escuela, por eso es que no dejo de pensar en ese momento, en que todos y cada uno de nosotros estemos contándonos esto, para mantenerlo siempre presente y en la mesita de frente, unas cuantas tazas de café buenísimo y que la noche se nos pase como agua hablando de todo lo interesante que vivimos juntos, todos. De vacaciones, y todos juntos de nuevo ya como personas responsables y maduras y que todas las lecciones aprendidas las hayamos puesto en práctica durante ese tiempo en el que nos tomamos un descanso para acordarnos de que éramos buenos, de que todos los recuerdos vivaces, todavía son buenos. Y que en ese futuro perfecto todos estemos jubilosos y riéndonos de aquéllos a los que decidimos compartirles un pedacito de felicidad para recordar también que todos, tenemos un presente, es muy difícil que se repita un momento como el que estamos viviendo. Permítanme, pero no voy a dejar que los problemas del día a día me amarguen la vida. Porque siendo jóvenes o no siempre tendremos algo a lo que siempre estaremos aferrados, porque aunque la mayoría sean malos o buenos, no importa. Siempre habrá que sacar, rescatar como si fueran de oro esos recuerdos que alguna vez plasmaron en sonrisa de nuestra propia cara, los que nos dieron quizá segundos de intensa felicidad. Claro, hay gente que dice que para qué recordar. No tiene caso, según ellos. Pero, pensemos un momento. Si es así entonces nos estamos negando la posibilidad de conocer a más gente, porque siempre tomamos lo bueno de cada persona, su nobleza, su sencillez… no somos nadie. Si es así, estaremos olvidando todos los favores, todos los agradecimientos que diste, y los que te han dado. Te olvidarás de los sentimientos buenos, de las personas que en realidad apreciaste alguna vez y que quizá encontraron su felicidad y que te han deseado suerte. Te olvidarás de los años que fueron hermosos, de todo lo que cosechaste para que alguna vez los vieras te llenaras de satisfacción, simplemente porque en eso reflejaste tu esfuerzo, y ahora te perderás de tu destino porque confundirás tus éxitos, no recuerdas nada, así que lo estarás haciendo en vano; tarde o temprano te darás cuenta. Porque así es la vida. Por eso siempre me llevo a mis amigos… me han ayudado en todo. Y cada persona, tal como los demás lugares, es valiosa, porque fueron parte de un ambiente que se tornó feliz, lo viviste y te gustó. No reconocerás la felicidad aunque se te tropieces con ella, porque si terminas de recordarla, también te olvidaras de esto, que es esencial y fabuloso… que siempre te ha dado momentos alegres y precisamente es esto lo que te mantiene cada día.

   Nos despedimos de ustedes con nuestro mismo sentimiento, es sincero y nunca le hemos fallado a nadie, ¿o acaso creían que nosotros no pensamos, que no recordamos? Esto es bueno, y nos daremos el tiempo preciso  y perfecto para hacerlo. Es una gran medicina, es un efecto analgésico que es verdaderamente confortable. No digamos entonces que es bueno recordar todo, somos seres humanos, que sentimos y desechamos lo que nunca nos gustó; y lo malo siempre nos hará daño por eso es que los malos recuerdos no tienen cabida en nuestra vida a futuro, nos llevamos las enseñanzas y eso, amigos, sí que es bueno. Recordemos más y seremos felices. Smile!

«Algún día sabré un poco más de lo que sé; poco a poco tropezando menos. Ojalá el tiempo sirva de algo. Quizás el paso del tiempo nos enseñe algo.»

  • Idea original: Luis Eduardo Mendoza.

  • Edición: Cristian Carlos.

  • Sentimientos: todos nosotros.

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Veintidós de Febrero - De lesbianas, sexo y drogas... [Los sí hombres y las muy mujeres]

Bien, antes de continuar platicándoles acerca de este tema del que muchísimo todavía se habla y se rumora hasta con los profesores, aclaremos una cosa: decimos esto porque nos interesa informar de algo que está ocurriendo y de una forma demasiado grave, nosotros —los escritores y demás fotógrafos— nos encontramos siempre en todo lugar, y la prueba está en que entre clase y clase investigamos acerca de lo que ocurre y además si éste es un tema del que mucho se dice. Porque estamos para dar lugar a lo que como jóvenes nos interesa, y no nos hagamos pendejos ya que es muy evidente que estos temas ya no son vistos tan tabúes como los mayores piensan y es algo que realmente está sucediendo en la basofia de la sociedad; porque basta, necesitamos hacer consciencia de todo esto y necesitamos explicarlo. Además este blog no sólo es propiedad mía, cualquiera puede ser partícipe de éste, por lo que tenemos colaboradores de confianza y sólo nos atrevemos a publicar la veracidad, aún cuando ésta sea tan fuerte, y no nos importa. ¡Esta es nuestra verdadera, libre libertad de expresión! No nos asustan los comentarios, porque sabemos que la gente sin criterio pues nos tiene sin cuidado y no nos atevemos a contar supuestos. Decimos esto porque es alarmante lo que sucede y nadie quiere hacer nada al respecto por lo que nos preocupa que la situación empeore si no se hace algo al repecto.

   Aclaramos, somos jóvenes y tomamos ya sabias decisiones... y así como les viene valiendo que esto suceda a menores de dieciséis años, ¿habrá problema con nosotros en cuando a ser adictos? Sí, lo decimos delante de miles de personas que nos visitan y saben de nosotros. Es evidente, pero tampoco ya no tenemos doce años y es hora de abrirnos a nuevas espectativas y no vivir sólo de chocolates y refrescos. Cuántas veces he mencionado en el blog sobre cómo se festeja y celebra una fiesta, ¡porque por favor! Ya no somos tan infantiles y vivimos demasiados cambios como para no hacer nuestra *Vida* un poco más LEVE y relajarnos con los amigos, pasar un rato agradable y sobre todo saber beber, fumar, y probar otras cosas a las cuales no estábamos un tanto acostumbrados; ¿o qué? Por el siemple hecho de que nos falten dos años para la mayoría de edad no significa que no seamos responsables en lo que hacemos. Sabemos y grandes rasgos lo que es una adicción, no cualquier hijo de vecina puede hacerlo y decirnos qué hacer. Nosotros decidimos qué hacer con nuestro cuerpo y hasta dónde llegar sin que haya graves consecuencias. Tenemos el apoyo de las autoridades de nuestra institución educativa, ya que siempre buscan fomentar la sustitución de componentes adictivos, tanto así que son muchísimas las conferencias que se imparten en nuestra escuela, sabemos lo que éstas producen, sabemos lo que es el sexo y ya no verlo de manera tan morbosa, sino como una digna representación de que evidentemente estamos en crecimiento y madurando en nuestra forma de pensar y tomar decisiones. Repito, a nosotros nos viene valiendo lo que piensen de nosotros, pero tampoco estamos conformes de que empiecen a decir miles y miles de falacias contra nosotros que sólo nos dedicamos a que la basofia de la sociedad en la que vivimos hoy en día, se dé cuenta de las graves consecuencias si esto no se dietiene a tiempo. ¡Hagamos valer la verdadera, libre libertad de expresión!

«Sobre nuestras tentaciones...»

   Revisando por Internet, me econtré a mi amiga Wikipedia después de haberme acordado de que en la escuela nos dieron una plática —de esas de las que mencioné un poco más arriba— de las sustancias adictivas y la farmacodependencia, pero hubo una del tipo éxtasis que nos hizo reflexionar. A ver, si reunimos toda la información que tenemos acerca de los niveles de drogas, podemos bien a bien, llegar a la bonita conclusión de que las tachas son lo más viable. Al principio me puse a meditar: «¡Qué estúpido, buscando siempre lo que menos nos haga daño!», y la cosa es que es muy cierto. No nos hagamos imbéciles, todos en alguna ocasión de nuestras errantes vidas nos hemos puesto a cuestionarnos —¡vaya!— sobre qué se siente en una de esas, tanto mis amigos como yo nos ha entrado muchísima duda al probar una de verdad y verificar sus efectos; pero volvamos con el MDMA y es que checando sus efectos no creemos que produzca adicción o siquiera dependencia alguna, de hecho, investigando más a fondo, encontramos que el éxtasis es una de las drogas —si es que así se le puede llamar— con el menor índice de dependencia, por lo que deducimos que con probar no pasará nada y quién sabe si sea cierto. Agarrando de nuevo el libro de «Quiúbole con...» en el tema perteneciente a lo que estamos tratando en estos momentos, pues a leer lo que nos interesaba y pues nos salieron conque siete de cada diez personas se vuelven adictas con otro tipo de drogas a la primera vez que son partícipes de probarlas, esto se debe según al autoestima de cada persona por lo que se generan dependencias al uso de cualquier sustancia que mejore el estado de ánimo de las personas, así que pensándolo bien habrá que tener nuestra mente en orden y sin problema alguno. Sabemos bien que esto no nos ayudará a librarnos de problemas, pero sí las relaja y cañón. Bien, que si no lo digo me puede ir mal... los profesores no están de acuerdo con esto que les acabo de mencionar y es que quizá sea por experiencia y por eso es que se atreven a decir cosas algo ciertas. Recuerdo que alguna vez mi hermano mencionó algo parecido, y es que es innegable la curiosidad... de esa por experimentar algo que normalmente no sucede, lo raro es que no le tenemos miedo alguno y yo era de las personas que pensaba en la posibilidad de tenerle miedo a lo desconocido. La culpa —si es que podemos llamarla así— la tienen los medios de difusión ya que nos han hecho creer que las drogas son muy normales, tanto así que ya somos esclavos de ver sus anuncios en la TV.

«¿Si ese fuera gay o esa lesbiana, qué harías?»

   Y el tema subió de tono, a tal grado que nos hicimos esta pregunta y encontramos muchísimas opiniones por parte de todos nosotros y llegamos a la buena conclusión de que somos homofóbicos y que a las mujeres responden con cara de asco y es que todavía en México esto no es visto con buenos ojos y les digo por qué... hace varios días en nuestra clase de Formación Cívica y Ética estuvimos discutiendo ya que pasaron a exponer eso a lo que llamamos «Identidad de Género»; fácil nos habremos llevado como más de media hora intentando hacernos creer que esto es normal. Pero por favor, es que no hay derecho, haciendo cálculos en dos grupos, el setenta y cinco por ciento de los alumnos no ve bien esta situación y menos a nuestra edad por ser tan formativa y definir nuestra personalidad, y desenvolvernos en el aspecto social. Es cierto y para qué negarlo, tanto nosotros hombre como ellas mujeres diferenciamos muchísimo en nuestra forma de pensar y de tolerar a la gente diferente... hay más gays que lesbianas, pero hay más mujeres que hombres por lo que nos falta poco por verlo más normal y esto ya nos está dando miedo, ¡por eso digo que ya no hay derecho! Sólo en una cosa concordamos y decidimos hacerlo posible en nuestra *Vida* diaria y hacerla más LEVE, así que nuestra conclusión al ver pasar a un gay o lesbiana fue lo siguiente: golpearlo hasta hacerlo entrar en razón. ¿Pero qué razón? Que todavía no es bien visto en la mugre sociedad de la cual también son partícipes y que entiendan que su identidad es una minoría por lo que se debe tener más respeto para la gente de la cual está haciendo el intento por no discriminarlos. Vaya, siquiera sean discretos y no lo griten a los cuatro vientos porque entonces sí nos veremos en la penosa necesidad de golpearles hasta matarlos a todos. Por primera vez quedamos de acuerdo en este punto, ni las mujeres ni hombres toleramos este tipo de exhibiciones y menos en público cuando hay pruebas de ello en espacios públicos. ¡Basta a esto, no?

   Bien, ahora me queda hacer una lista... es la conclusión a la que llegamos en nuestro grupo. Las mujeres dieron su opinión de nosotros. Y los hombres dimos nuestra opinión de ellas; aunque después nos estuviéramos arrepintiendo de lo que habíamos dicho. No sé si tengamos razón, pero creo que ya quedó claro en nosotro